¿ES LA MODA FRÍVOLA, SUPERFLUA Y HUECA? (El lado humano de la moda)

by - 19:23

Sábado relajado de ocupaciones. Luego de cumplir devotamente con mi entrenamiento en el gym, disponía de algunas horas, y el día soleado y fresco me hacía una bella invitación a vagar por las calles del chulo centro del Distrito Federal.

Cual mujer solitaria en actitud aliviada y coqueta, me adentré en la mitad de mi intimidad, mi closet. Disponía de horas mas no así de mucho tiempo, por ello, rápidamente me dirigí a tomar una mini oscura muy de fondo de armario, (oh! seamos propios…), luego, liberé unas ganas enfermas que traía de un Kameez hindú rojo, poco largo, liso y de manga tres cuartos que compre en mis muchas aventuras por las tiendillas del Df que ofrecen infinidad de opciones para satisfacer mi fanatismo por el medio oriente, luego corrí al otro extremo y agarre determinada ese par de botines negros de tacón ancho y no muy alto (pretendía caminar recuerdan?), bolso negro enorme para que entrara todo y para no más perder tiempo, apenas un toque refrescante de maquillaje con un "chongo" despeinado de esos que me fascinan, complementando finalmente con lentes de aviador armazón color oro con pulseras en el brazo izquierdo al mismo tono. En fà!

Muy agustillo, gozando la rola "Heisman 2" de Tyga llegué en un abrir - cerrar de ojos a muy buena hora (poca gente) a la siempre entretenida calle Madero, haciendo parada en esa famosísima cadena de café y más; que he bautizado en mi muy particular estilo provinciano como “la meca de los cafés terrenales complejos”, si… ring… Starbucks!. Ya en estado saturado por echar a andar la maquinaria cerebral intentando comprender sobre el Derecho Corporativo (estudié leyes), pausé y me extendí cual gato flojo a contemplar el movimiento de la calle y su gente.

Sólo cuestión de segundos me llevó comenzar a ver faldas con tremendo volado, cabelleras largas-cortas, de colores, recogidas, volátiles, blusas con estampados, en fin, ¡carajo! Mezclas acertadas o fallidas (desde la muy humilde perspectiva de su servidora) de expresiones mayormente textiles a las que muchos rendimos culto y genéricamente llamamos MODA.

Tremendo el rato de disfrutar propuestas, (o, ¿necesitan surgir de diseñador literalmente para serlo?) Fluya pues mi contraria opinión hacia las personas que consideran frívolo, hueco y vacío lo concerniente a la ya mencionada.
Hablar de todo cuando me venía a la mente, llevaría un ensayo al respecto y no éste ensayo, pero de artículo que hoy someto más que a su crítica, a su opinión. El torbellino de ideas era impresionante, pero dada mi sensibilidad nata de artista (ya saben, acá la onda profunda, vibrante, chispeante), hice al fin stop en lo que provoca tan maravillosa amalgama de estilos en una ciudad cosmopolita como el DF.

Llegué entonces a las INTENCIONES, al centro-origen de lo interesante, apasionante, desquician de los trapos. 

Y entonces me declaré una millonésima vez más, NO A FAVOR de tildar de superflua y vana la moda (al menos no en estricto sentido comunicación- proyección) incluso viéndome atrevida y hereje del santo grial fashionista, tampoco de verla elitista (sólo para gente con inmensa posibilidad económica, o devotos de apostar a revistas nacionales e importadas que traten del tema, convenciones nacionales y extranjeras, juntas, reuniones de la misma índole). Yo veía pasar y pasar ríos de gente a eso del medio día y todo me gritaba “¡expresión!”; a través de costuras, bordados y hasta remendaduras. Cómicos incluso me resultaban esos mismos personajes sentados a mi lado con la típica charla de política, ya saben tipo “level ten of ten”, que a prejuicio podrían bien ser del equipo de los “guacala la moda”, sin embargo perfectamente armonizados en su look de sábado casual tipo “chico Lacoste” de espectacular promocional.

Ella estaba ahí, presente en todos lados, imponente, comunicando, manifestándose: desde la estrafalaria chica arriesgada y atrevida; pasando por la descuadrada, poco armonizada, equivocada pero interesada chica que quiere decir- ¡hey así soy!- (y hoy vengo con éstos ánimos); el urbano nunca ausente; la señora pulcra-sobria de la escuela clásica, en la mayoría de chicos comunidad gay que en multitud aman y saben bien leer y participar de las tendencias, etc. Más allá del ajuar era también un ir y venir embriagador de accesorios complementarios, pulseras, aretes, bolsos, los mismos gadgets son ahora parte del comunicar del conjunto que conforman un íntegro outfit.

Así pues fruncía el ceño y en mi amor por ella incluso la contemplaba como un arte y más la amaba. Es que; uno no puede menospreciar el trabajo de investigación que conlleva una propuesta transportada a las pasarelas cotidiana de la calle a través de simples mortales o mismo sea el caso en eventos ostentosos de la industria por destacados personajes del medio.
Creo que por “insultante o ridículamente” profundo que a criterio de algunos resulte, la indumentaria advierte por si sola estados emocionales, perspectivas de vida, un estado que se está viviendo en virtud de un día; consuela, motiva, es un antidepresivo o un depresivo mismo si se mal emplea o no es tomado en cuenta. 

Por vía de los creativos (diseñadores) se cuenta una historia, es producto del análisis de quien se realiza por éste medio, da rienda suelta a su atrevida, fusionante, estética, extrovertida o conservadora visión de la vida plasmándolas en un bello lienzo viviente llamada modelo que anda al paso que sugiere la pasarela. 
Vibro por un clima de respeto por las perspectivas, por las apreciaciones, pues la moda para muchos de nosotros (los adoradores de éste mundo), lo es todo: un arte, un sentimiento, y entre mil cosas más ni menos que una “bella poesía para adornar el cuerpo”.

Luz Mora.

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